domingo, enero 09, 2005

Sangre, fluidos y otras abyecciones


Artistas subversivos como Ron Athey y Franko B. (www.franko-b.com)
han recurrido a la performance como vehículo de expresión para denunciar de un modo desgarrador el maltrato médico y socio-político que se les da los enfermos de SIDA, evidenciando su fragilidad y vulnerabilidad y criticando el profundo rechazo al que están expuestos continuamente los afectados.
Ron Athey(www.ronathey.com), con su “Teatro del Dolor”, donde es atravesado por dardos y coronado con espinas, nos muestra personajes delirantes tales como enfermeras travestidas, mezcla bizarra de Divine y Rocío Jurado, camillas donde padecen enfermos agonizantes que son sometidos sin piedad a procedimientos médicos tan habituales como vergonzosos, como son las lavativas y las inyecciones. Franko B., tras grabarse a cuchilla unas letras en la espalda, se pasea desnudo y sangrante por una pasarela cubierta con sábanas blancas, que recogen sus fluidos y que luego recicla para otras acciones. Se puede observar que cada vez son mas numerosas,o cuanto menos, más visibles, las manifestaciones artísticas que tienen su clave en la abyección, en la escatología, en el trauma y en la repulsión. Lo abyecto es lo que no respeta límites, lo que perturba identidad, sistema y orden, y ha sido muy bien acogida por el arte de vanguardia en tanto que la finalidad de gran parte de estas manifestaciones llevan como signo de identidad el deseo de perturbar el orden, el del sujeto y el de la sociedad. Tanto mostrar cadáveres como sanguinolencias o deyecciones corporales transgrede y supera las fronteras pre-establecidas del arte, obligándonos a replantearnos sus límites y enfrentándonos a problemas de índole moral y ética. La fascinación y el horror que sentimos a la vez por los fluidos, las heces, el esperma y las monstruosidades y aberraciones físicas es una característica esencial de ciertas expresiones del arte más vanguardista que, aunque ya comenzaron a brotar en los años 60 y 70 con las brutales performances de los accionistas vieneses, tuvieron su momento álgido en los 90, cuando el Whitney Museum for American Art organizó una exposición titulada “Arte Abyecto: repulsión y deseo en el arte americano”. Entonces, la poética abominable e iconoclasta del “trash” y aquello que consideramos “inmundo”, elevaron la abyección a categoría estética con su dinámica transgresora, irrumpiendo en el terreno de lo público, proclamando que lo inmundo es inseparable del cuerpo, y por lo tanto, humano, y digno de ser utilizado o representado con fines artísticos. Los accionistas vieneses de los años 60 llevaron el “shocked-art” de la performance más radical hasta el paroxismo, protagonizando violentas acciones que rozaban el masoquismo más enfermizo. Empezando por Gunther Brus, que se hizo un corte en la ingle a modo de vulva y la mantuvo sujeta con garfios a la piel. Muchos ritos tribales implican la imitación ritual por parte de los hombres de elementos femeninos, tales como vestidos, vaginas, menstruacion y parto ,para de esta manera incorporan simbólicamente al cuerpo masculino los poderes creadores de la hembra. En los ritos de iniciación de Australia Central se incorpora el principio femenino en el cuerpo del hombre realizando una hendidura semejante a una vulva en la superficie uretral del pene, sobre el glande. Brus también gustaba de introducirse alambres por la uretra, se vestía con ligueros y medias, se acuchillaba con tijeras hasta sangrar, cagaba y degustaba su propia mierda y vomitaba.(rituales coprofílicos que nos recuerda también a G.G.Allin(www.ggallin.com), famoso punk-star de finales de los 80 que murió de sobredosis tras una caótica actuación). Pero su espíritu temerario acabó traicionándole. En su última actuación, titulada “Zerrisprobe”(”Prueba de resistencia”), Brus se amputó parte del pene, en un delirante acto a autocastración, y la hemorragia fue tan letal que no se pudo hacer nada por su vida. Murió desangrado.


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